
Recuerdo esos paseos por tu barrio, pensando en como nos habían distanciado los demás y pensando también que a ti no te importaba.
Las tardes anteriores habían sido memorables, tú no te dabas cuenta, quizás sí, pero yo no podía apartar la mirada de ti, cada cosa que decías me marcaba, adquiría un valor que no poseía para los demás.
La mejor tarde fue aquella en la que subimos a la explanada de la virgen, que bien me lo pase, junto a ti, ya que los demás acompañantes se convirtieron en sombras. Al despedirnos alcancé desde lejos tu mirada; y cual fue mi más grata sorpresa que esa noche te encontré y esta vez fue tu mirada la que se posó sobre la mía...
Cuando uno rememora estos momentos es incapaz de contener unas lágrimas o de no dar un suspiro.
Ahora todo está acabado y como siempre los causantes son involucrados que podían desaparecer y dejarnos solos, quizás y solo quizás yo tendría la oportunidad de brindarte y declararte mis sentimientos más profundos.
No sabes lo terrible y doloroso que es amarte, ¿crees qué me gusta un domingo quedarme en la cama, girarme, y no verte?, pensar, y lo que es aún peor, concienciarme de que ni siquiera podré besarte. Tu nombre resuena en mi mente cada día en la soledad, para no oírlo, escucho música, pero también me recuerda a ti. En la salida del instituto, intento centrarme en estupideces, rehuyo de ti, no quiero ver tu cara ya que si lo hiciese al cerrar los ojos por la noche aparecerías, intentaría abrazarte y mis brazos se posarían en la infinita soledad. Mas lo hago...
Me diste fuerza y por ello te estoy agradecido, también me la arrebataste, pero es imposible odiarte así que por ello paseo intentando no preguntarme cosas a mi mismo, la filosofía de mi mente choca con la filosofía simple y única de amarte, esto crea un cóctel mortal.
Mi único deseo es que sepas lo que siento... lamentablemente esto tiene un riesgo La Sociedad.