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lunes, 19 de julio de 2010

Despedida de un Bohemio

Como ya saben algunos de mis compañeros, me voy. Ojalá que sólo sea por unas semanas, pero la suerte es mi enemiga y el destino es mi gran problema.


En estos últimos días se me ha criticado por la “debilidad de mis poesías”, muchos incluso criticaron el trabajo de mis compañeros cuyo resultado es nuestro blog, pero ya estoy acostumbrado a críticas que no son constructivas y que no me aportan nada, por eso intento no hacerlas mucho caso. Poner en duda mi trabajo creo que sería un gran error. Aun así, y confío en que se cumpla, el problema de este blog son mis propias creaciones.

Confío en poder volver algún día, aunque os prometo que seguiré día a día este blog porque, aunque a muchos les moleste, soy el creador.


Quisiera decir a mis compañeros que valéis mucho y que no hagáis caso a críticas sin sentido que no os aportan nada, solo debéis aceptar las críticas constructivas. Que sois los mejores y que muchos quisieran hacer lo que vosotros hacéis. Ya sabéis lo que pienso de vosotros...


A los seguidores y lectores del blog quería agradecerles el tiempo que han utilizado en leer mis humildes pero nobles poesías y aconsejarles que sigan este blog porque merece la pena apoyar a los que se interesan por la música, la poesía, el arte, la cultura, la literatura...


Para los que me han criticado sin motivo alguno, aquí les dejo un regalo, una poesía, que estoy seguro les va a encantar. Aunque no es a vosotros a quien se la dedico, sino a mis compañeros, seguidores, lectores, amigos y demás.


Vosotros decidís si no queréis que vuelva a publicar nada en este blog. Para ello se contabilizarán los comentarios a favor y en contra, y en vista al resultado, decidiré. Espero que comentéis todos aunque sea de forma anónima.


En fin, espero verles muy pronto. Y, si vosotros queréis, volveré a publicar poesías, entrevistas y textos.


Un abrazo grandísimo de vuestro amigo.




LA DESPEDIDA DE UN BOHEMIO


Salí de casa,

con la americana suelta,

sombrero de copa

y zapatos de piel marrón,

con billete de ida pero no de vuelta,

con apariencia de bonachón.


Eran caras todas conocidas,

las que me habían dado mi razón,

las que me habían dicho que no volvería,

y, en efecto, así se cumplió.


Dejaba muchas cosas pendientes,

que prometí no olvidarlas jamás,

me engañaba a mí mismo,

pues aquel era mi triste final.


Me han vitoreado y me han criticado,

me han ayudado y me han pisoteado,

pero recuerdo esas caras como las últimas,

de adolescentes alocados por el amor,

de adultos que mantenían una seria relación.


Detrás de cada herida hay una espina

que se encuentra clavada en el corazón,

pero los lamentos no son nada

en comparación con esta decepción.


Vivo siempre con mala suerte,

pero me basto con teneros cerca

que esa es la buena suerte que me dio Dios

y que le doy gracias todos los días por ello,

porque un amor tan grande tiene que salir de la bendición.


Con el tiempo me gané mis enemigos,

por ser sincero y defensor de mis amigos,

solo es envidia lo que provoca este dolor

con palabras frágiles llenas de rencor.


Me doy cuenta de que mi trabajo no vale un centavo,

y son horas de concentración y letargo,

pero no me doy por vencido porque esta es mi gran pasión,

la poesía es mi conciencia escrita en voz rítmica y con atenuación.


Hace poco me dijeron que era un payaso poético,

qué pena que esa persona tuviese toda la razón,

pues la gente no dice que sea un genio de la oración,

por motivo de mi poética degradación.


Los versos son mi eterna canción,

que se cantan con distinta voz,

pero que no se entienden con la misma pasión

que si los vives y sientes su calor.


Me duele el que la gente tenga más suerte que yo,

pero tengo algo muy valioso que es la pureza de mi alma,

los sentimientos cargados de emoción y calma,

pues todo es un filtro que no tiene ni un solo admirador.


Esta es una despedida de color negro azulón,

que no embellece todo lo que os echaré de menos,

y lo lejos que estaré de vuestra comprensión,

de consejos con los que intentábamos conocernos mejor.


Han sido tardes de conversación,

en algún café bohemio con buena sensación,

con planes de quedadas madrileñas que costaban un pastón,

de palabras que no podrán demostrar mi gran admiración

hacia unos amigos de los que no encuentro una definición.


Y, por último, me despediré como en otra ocasión anterior:

“Ya me despido, como un caballero,

que deja su corbata y sombrero,

y se pone a la luz de la Luna,

escribiendo unas bellas y bonitas palabras,

que, espero, os dejen sin aliento...”

Javier ANDRÉS GARCÍA©